Friday, June 16, 2006

Hermenéutica


El surgimiento de la hermenéutica fue posible a partir del desarrollo de la fenomenología en Alemania y se reconocen a Dilthey y Weber como los pioneros en este paradigma. La hermenéutica surge en los años setenta en las Ciencias Sociales, en una época en que el positivismo declina debido a que se le critica la pretensión de insinuar la existencia de un lenguaje observacional puro en el discurso de la ciencias, y se demuestra que todo lenguaje es interpretación y el lenguaje en la ciencia no se escapa de esto, por lo que se debe reconocer la mediación del sujeto entre el objeto y la teoría que se elabora. Por eso, el significado de los actores se convierte en el epicentro de la investigación.

De esta manera, se entienden los fenómenos sociales como "textos", cuyo valor y significado, primariamente, vienen dados por la autointerpretación que los sujetos relatan en primera persona, donde la dimensión temporal y biográfica ocupa una posición central. Esta posición corresponde, entonces, a un enfoque narrativo en el que se asume la cultura como un texto, en cuanto que se concibe una hermenéutica como una ciencia interpretativa en busca de significaciones. No obstante, la narrativa no es sólo una metodología sino una forma de construir la realidad, por lo que la metodología que se establece podría verse como una ontología dado que la individualidad no puede explicarse exclusivamente por referentes extraterritoriales, sino que la subjetividad resulta ser una condición necesaria del conocimiento social. La narrativa no sólo expresa importantes dimensiones de la experiencia vivida, sino que, más radicalmente, media la propia experiencia y configura la construcción social de la realidad. Además, un enfoque narrativo prioriza un yo dialógico, su naturaleza relacional y comunitaria, donde la subjetividad es una construcción social intersubjetivamente conformada por el discurso comunicativo. De acuerdo con esto, el juego de subjetividades, en un proceso dialógico, se convierte en un modo privilegiado de construir conocimiento.

Resulta pues contrario al positivismo clásico al reconocer que la ciencia se supedita a lo social y, por lo tanto, no es neutra; hay factores ambientales que influyen en los fenómenos que se desean estudiar. De esta manera, se trata de un conocimiento para la acción y no ya por el mero conocimiento, lo cual proporciona un comienzo a la investigación aplicada para comprender y resolver situaciones que se presentan cotidianamente, siendo ahora importante definir la relevancia de la investigación que se vaya a realizar. Si a esto le agregamos el contexto de posmodernidad actual, se evidencia con bastante notoriedad la crisis de los modelos paradigmáticos establecidos de conocer, replanteando el papel del sujeto investigador y la necesidad de incluir la subjetividad en el proceso de comprensión de la realidad, reuniendo las narrativas de la gente y del investigador.

Un aspecto ligado a esta crisis es el conjunto de criterios habituales de legitimación de las investigaciones, han empezado a flaquear pues la investigación biográfico-narrativa introduce una “fisura”entre la experiencia vivida y cómo debe representarse en el discurso de la investigación. Emerge, entonces, con toda su fuerza, la materialidad dinámica del sujeto, sus dimensiones personales (afectivas, emocionales y biográficas), que sólo pueden expresarse por narrativas biográficas en ciencias sociales. A su vez, el incremento y popularidad alcanzados por la investigación narrativa sobre las historias de vida y biografías de los actores educativos puede responder a la actual coyuntura posmoderna, donde sólo queda refugio en el propio yo.

La narrativa puede concebirse como la cualidad estructurada de la experiencia entendida y vista como un relato o la que establece pautas y formas de construir sentido a partir de acciones temporales personas, a través de la descripción y análisis de los datos biográficos, lo cual correspondería un enfoque de investigación, en el que se promueve una particular reconstrucción de la experiencia que permite, por medio de un proceso reflexivo, dar significado a lo sucedido o vivido. La trama argumental, la secuencia temporal, los personajes y la situación son constitutivos de la configuración narrativa.

Lo más característico de la hermenéutica es la teorización denotando un gran interés por los datos cualitativos y un manejo crítico del lenguaje, dejando a un lado lo cuantitativo estableciendo la diferencia entre las ciencias sociales y las naturales. El auge del giro hermenéutico, paralelo a la caída del positivismo y a la pretensión de dar una explicación "científica" de las acciones humanas, ha provocado que entendamos los fenómenos sociales como "texto", cuyo valor y significado viene dado por la autointerpretación hermenéutica que de ella dan los actores. En lugar de pretender una explicación del comportamiento descomponiéndolo en variables discretas, se entiende que el significado de los actores debe ser el centro de atención. El reconocimiento que se hace al contexto derriba los principios de generalización de modo que ante un mismo problema existe muchas formas de asumirlo y resolverlo; la generalización distorsiona la comprensión de las acciones concretas y particulares por lo que ya no es tan imperante en la actualidad. Una hermenéutica-narrativa, por el contrario, permite la comprensión de la complejidad psicológica de las narraciones que los individuos hacen de los conflictos y los dilemas en sus vidas.
Sin embargo, con el racionalismo de la ciencia moderna, se ha impuesto, como modo de racionalidad justificado, un tipo de discurso que procede por hipótesis, evidencias y conclusiones, siguiendo las leyes de la lógica o de la inducción; y relega al ámbito subjetivo toda la dimensión de expresión de experiencias. Este tipo de investigación convencional no sólo fracasa al tratar las experiencias vividas, sino que éstas son rechazadas como posible objeto de investigación, al entrar en el ámbito de lo subjetivo, que debe ser excluido de la investigación científica. El supuesto básico de este tipo de racionalidad es que cuanto menos subjetivo y más objetivo sea, habrá mayor grado de cientificidad. Por el contrario, la investigación hermenéutica se dirige a dar sentido y a comprender (frente a "explicar" por relaciones causales) la experiencia vivida y narrada. El sentido de una acción, lo que la hace inteligible, sólo podrá venir dado por la explicación narrativa del agente sobre las intenciones, motivos y propósitos que tiene para él a corto plazo, y más ampliamente, en el horizonte de su vida. El interés por la narrativa expresa el deseo de volver a las experiencias significativas que encontramos en la vida diaria, no como un rechazo de la ciencia, sino más bien como método que puede tratar las preocupaciones que normalmente quedan excluidas de la ciencia normal.

Entonces, la narrativa como la forma primaria por la que le es dado sentido a la experiencia humana, proporciona una herramienta crucial para caracterizar las acciones humanas que desea investigar el psicólogo. En este contexto, adquieren una gran relevancia las historias de vida, tanto como objeto de investigación como metodología, donde se explicita reflexivamente una crónica del yo en la geografía social y temporal de la vida. Además, como uso heurístico de la reflexividad, el sujeto informante se convierte en coinvestigador de su propia vida. También se relaciona con la oralidad, la cual se distingue por retomar las voces silenciadas, recogiendo lo que muchos autores han ignorado en sus estudios y que sólo pueden conocer al interactuar con estas personas ignoradas, ya sea por sus condiciones sociales o por sus capacidades intelectuales, por medio de estrategias que faciliten el proceso de investigación como, por ejemplo, grabar entrevistas que se les realicen a estas personas.

El relato es, entonces, un modo de comprensión y expresión de la vida, en el que está presente la voz del autor, quien se expresa desde sí mismo, a partir de su contexto.

Por último, si la explicación es el modo de dar cuenta de los fenómenos naturales estableciendo conexiones constantes entre sus elementos; la comprensión sería el modo de dar cuenta de las acciones humanas, desde las intenciones que les confieren sentido. Ni monismo ni dualismo metodológico, que nos retrotraería a una situación ya superada. En la medida en que los procedimientos explicativos en las ciencias sociales son homogéneos a los de las ciencias de la naturaleza, hay una continuidad en el campo científico. Pero, igualmente, la comprensión aporta un componente específico en el conocimiento de acciones o instituciones humanas que es irreductible a la explicación causal. Por eso, es más justo plantearla en términos dialécticos: "la necesaria mediación de la comprensión por la explicación" y, alternativamente, de la segunda por la primera.

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