Friday, June 16, 2006

Constructivismo Social


Dado que el empirismo es una perspectiva exogénica que plantea que el conocimiento es una copia de la realidad, y el racionalismo, una endogénica donde el conocimiento depende de procesamientos internos al organismo mediante los cuales puede organizar (no copiar) la realidad para hacerla entendible, se presentó una polémica entre estos dos polos que afectó a la Psicología Social en tanto que había una confusión acerca de qué aspectos deben estudiarse: los ambientales o los cognitivos. El construccionismo, iniciado por Kenneth Gergen, intenta superar esta dualidad objeto-sujeto desarrollando una teoría alternativa del funcionamiento de la ciencia y desafiando la idea de conocimiento como representación mental, lo cual logra al proponer que el conocimiento no es algo que la gente posee en la cabeza sino algo que la gente hace junta, señalando que el lenguaje es esencialmente una actividad compartida.

El propósito del construccionismo social es trascender el empirismo y el racionalismo, considerando el conocimiento como un producto del intercambio social que está determinado por la cultura, la historia y el contexto social. Se trata de una propuesta que contradice al positivismo, enfoque en el que se contemplaba el conocimiento como resultado de la inducción o de la construcción de hipótesis generales.

El construccionismo social busca explicar cómo las personas llegan a describir y explicar o mundo donde viven, y se ha encontrado que los conceptos con los que una persona comprende el mundo son de tipo social, consolidados a partir de los intercambios entre las personas y se sitúan históricamente, es decir, un mismo concepto puede ser interpretado de diferentes maneras según el momento histórico que se esté viviendo ya que el proceso de entender no es una predisposición natural sino que resulta de la dinámica activa y cooperativa entre los sujetos que se interrelacionan en un momento dado.

Entonces, de acuerdo a con lo anterior, la prevalecía de una forma de comprensión sobre otras estará en función ya no de la validez empírica de determinada perspectiva sino de los procesos sociales. Así, las formas de comprensión acogidas están conectadas con una amplia gama de actividades sociales que, al formar parte de varios modelos sociales, sirven para sostener y apoyar ciertos modelos excluyendo otros. Por ende, la alteración de descripciones y explicaciones implica una amenaza a ciertas acciones y una invitación a otras. Las interacciones entre los sujetos posibilitan una red simbólica, la cual es construida colectivamente para crear un contexto en el que se puedan enunciar discursos de lo que es el mundo. Estos discursos y sus consecuentes significados no son algo que exista dentro de lo que llamamos o pensamos como mente individual pues hacen parte del flujo constante de intercambios intersubjetivos que continuamente reestructuran esa red simbólica o dominios de saber.

Esta teoría asume la construcción de la realidad de manera social, por lo que conceptualiza cómo se dan históricamente los supuestos de realidad de los colectivos y cómo se asume lo cierto o lo falso dentro de cada dominio específico de saber. De esta manera, se establece un acercamiento a las narrativas que explican todo lo que el sujeto asume que es, que se puede pensar, lo que se dice y es cierto y aquello que no se puede decir, pues no es posible.
La psicología se ha erigido como un lugar privilegiado para el estudio del conocimiento individual. Es ésta, más que otra disciplina, la que se ha encargado de elevar a un carácter científico los procesos mentales individuales. Gergen visualiza dos tradiciones en que la psicología se ha hecho heredera: el empirismo lógico de la cual su expresión es la psicología conductual y el racionalismo de la cual su expresión es la psicología cognitiva. Si el conocimiento es individual, entonces se tendría que desconfiar de las decisiones del individuo respecto a la moral, a la política, a la economía, entre otros, ya que estos son conocimientos culturalmente determinados. De este modo, el construccionismo social establece que el conocimiento es construido desde las prácticas socioculturales.

Al plantear el discurso en una dimensión de la práctica social, promueve un desarrollo de cambios de paradigmas en las propias comunidades que generan conocimiento; dichos cambios se refieren a la forma de entender los fenómenos que enfrenta la comunidad. En la psicología conductual existe una superposición entre la teoría conductista, su metodología empírica y su perspectiva meta-teórica (empirismo lógico), que afecta diferentes área de la disciplina: lo teórico es lo observable, el experimento y el experimentador están separados por una gran distancia, su base explicativa es empirista y racional de sus explicaciones. Dado esto, resultan apropiadas a ese pensamiento la formulación de hipótesis, la experimentación y corroboración debido a que las explicaciones que posibilita son científicas y están basadas en el método. Además, para el conductismo radical, se define la preeminencia del ambiente para la explicación de las conductas humanas. Su figuración estaría dada en que “el hombre es un ser de hábitos”. La adaptación estaría basada por las influencias recíprocas entre hombre y ambiente.

En el Neo-conductismo la liberalización de la meta-teoría (empirismo lógico) que obligaba una correspondencia directa entre el constructo teórico y lo observable de lo cual el conductismo radical se hizo participe, derivó en el desarrollo de “constructos hipotéticos” que refieren a estados psicológicos que intervienen en la formula E - R (estímulo ambiental y la respuesta conductual). Posteriormente, “la mente” entra al campo de la psicología científica como un constructo teórico y metodológico. La gran diferencia, entonces, es introducir un elemento no observable en una disciplina que intenta constituirse como ciencia. Con ello, la teoría del aprendizaje humano intentó ser una réplica de la teoría de la ciencia, concordando la teoría con el método, operacionalizando los constructos que serían estudiados en las investigaciones psicológicas. Por supuesto, esto no fue fácil hacerlo inicialmente, teniendo que enfrentar la crisis de si realmente se estudiaba lo que se pretendía, analizando no sólo el proceso de operacionalización sino también los intereses del investigador influido por el sistema capitalista en el que se centraliza el conocimiento en las esferas de poder.

Dentro de toda la discusión que se desprende al respecto, se realizan críticas de tipo ideológico y social, dando paso a otras postulaciones como el construccionismo social que presentan una teoría que rompen con la tradición científica, que se salen de la dicotomía positivismo-fenomenología para avanzar a una teoría que tiene en cuenta a la población en general y no sólo a la élite para comprender el desarrollo del conocimiento y, por consiguiente, de la ciencia, estableciendo formulaciones como que el conocimiento es resultante de las relaciones comunitarias. Este tipo de formulaciones permiten ampliar la mirada para contemplar aspectos que han sido ignorados o al menos descuidados, relevantes para la comprensión del objeto de estudio.

Por otro lado, la perspectiva cognitivista reduce el mundo a una proyección, a un subproducto del individuo que conoce, esto es, que el mundo o la “realidad” es producto de procesos cognitivos (del propio funcionar de la cognición). Ante esto se cuestiona la pretendida objetividad del científico porque éste se rige por sus propios sistemas perceptuales y/o conceptuales que expresan su subjetividad.

El constructivismo social irá de la mente cognoscente que se enfrenta al mundo real al desarrollo de una epistemología social. El lugar del conocimiento ya no es la mente individual sino más bien las pautas de relación social. Esto trae consigo preguntas diferentes, ya no sobre cómo funcionan las “palabras” en la mente individual sino sobre la función del lenguaje en el quehacer cotidiano en tanto éste ocurra en el intercambio social.

Así, la pregunta de cómo la mente llega a reflejar la naturaleza del mundo real, lleva a respuestas caducas en tanto pretendan establecer la verdad y objetividad en espacios donde no se puede responder que unas afirmaciones son más “verdaderas” que otras como es en el construccionismo. Para éste, los conceptos de verdad y objetividad se dan en los términos de la pragmática social.

En la medida en que el conocimiento individual entra en un punto muerto surgen alternativas al conocimiento individual: a saber, el enfoque del conocimiento que reside en la esfera de la conexión social. La representación objetiva y verdadera está en crisis, y aparecen las críticas ideológicas y literario-retóricas y sociales. No quiere decir que el constructivismo social abandone los empeños tradicionales, lo que hace es situarlos en un marco distinto con un cambio en el acento y las polaridades.

Si bien la crítica ideológica pone de manifiesto el auto-interés en la producción de conocimiento, la crítica literaria no sustituye el lenguaje por la ideología sino que pone de relevancia el texto. Por otra parte, la crítica social va por un camino opuesto al del lenguaje; las concepciones de verdad son un proceso social, a diferencia de la crítica ideológica que en su proyecto emancipatorio no renuncia a la posibilidad de alcanzar la verdad a través del lenguaje (por ejemplo, la verdad de la opresión de clases) y la crítica literaria que sería su paralelo en tanto la disciplina es construida desde lo textual, su discusión se basaría en gremios literarios en disputa, lo cual reproduciría la lógica de las discusiones ideológicas. Entonces, frente a estas circunstancias, Gergen se pregunta si puede haber un punto de vista unificado en el que se pudiera combinar todas estas fuerzas críticas, a lo que responde con aludiendo a la complementariedad que hay entre ellas, en la medida que la deconstrucción de la reconstrucción resulta una síntesis positiva, es decir, la crítica social abre un camino prometedor a una ciencia reconstruida, a saber, el constructivismo social. En cuanto a la crítica retórico-literaria, se ubica como una fuente de análisis a la mera textualidad sin tomar noticia de la relación entre lenguaje (incluyendo todas las formas de texto) y el proceso social, concebidos en términos de relaciones de poder. Lo que abre el constructivismo social son las consecuencias pragmáticas del discurso en sus correlatos socioculturales.

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