Friday, June 16, 2006

Actitudes


Definición

Aunque por muchos años el estudio de las actitudes ocupó un lugar muy importante en la psicología social, los estudiosos no han podido llegar a un consenso sobre la mejor manera de definirlas. Mientras la mayoría de ellos coincide en que las actitudes implican lo que la gente siente por algún objeto o situación, otros proponen que también incluye lo que la gente opina acerca del objeto o situación, además de su conducta con respecto al mismo.

A lo largo de la historia, se han planteado varias definiciones sobre la actitud según concepciones tradicionales unidimensionales en los que sólo se toma el componente afectivo o evaluativo, o concepciones tradicionales que plantean tres dimensiones de la actitud (perceptivo-cognitivo, afectivo o evaluativo y conductual). Sin embargo, podría decirse, de un modo muy general, que las actitudes son evaluaciones duraderas de diversos aspectos del mundo social, evaluaciones que se almacenan en la memoria (Judd), que pueden funcionar como esquemas o marcos cognitivos que organizan la información sobre conceptos específicos, situaciones o acontecimientos (Wyer y Srull), influyendo en la forma en que el individuo procesa la información social.

De acuerdo a las concepciones teóricas clásicas, se identifican tres componentes de las actitudes. La primera de ellas es el componente cognitivo, el cual se refiere a los conocimientos que una persona tiene de un objeto que pueden ser más o menos erróneos o muy parciales, pero por sí mismos son suficientes para fundamentar una actitud. el segundo se trata del afectivo que se compone por los sentimientos que el objeto despierta. El tercero y último es el componente comportamental que incluye las tendencias, disposiciones e intenciones hacia el objeto, así como las acciones dirigidas hacia él.

Sin embargo, Berkowitz (1975) sugiere que la mejor definición es la que enfoca los sentimientos de las personas hacia las cosas y no las opiniones porque se puede tener una opinión acerca de algo que no interesa al sujeto, además que no siempre coinciden los sentimientos y las opiniones. Entonces, plantea que las actitudes se refiere a los sentimientos favorables o desfavorables que inspira un objeto o situación. Así, las actitudes implican sentimientos evaluativos puesto que indican qué tanto agrada o desagrada algo al individuo.

Las actitudes resultan ser predisposiciones aprendidas que ejercen una influencia en la acción de un individuo hacia determinados objetos, personas o grupos pero no constituyen la acción misma.


Formación de las actitudes

Se han formulado distintas teorías para explicar la formación de actitudes tales como el Aprendizaje Social en el que se propone que muchas de nuestras perspectivas se adquieren en situaciones en donde interactuamos con los otros o simplemente observamos sus comportamientos y, mediante el modelado, los individuos aprenden nuevas formas de comportamiento observando y copiando simplemente las acciones de los demás, que les sirven de modelos. También se encuentra la teoría de la Comparación Social, que afirma la tendencia del individuo a compararse con los otros para determinar si su visión de la realidad es o no la correcta y, en la medida en que nuestras opiniones coincidan con las de los demás, se concluye que sus ideas y actitudes son exactas. El Condicionamiento Clásico y el Condicionamiento Instrumental son otros dos modelos teóricos de fundamental importancia dentro de la Psicología Social y la Psicología en general, por lo que se profundizará a continuación.

- Condicionamiento clásico: Este modelo propone que la repetición de un estímulo neutro (un objeto, un tema, incluso otra persona), acompañado de una experiencia agradable o desagradable, hará que el estímulo antes neutro despierte los mismos sentimientos agradables o desagradables con los que se ha asociado. Algunos psicólogos sociales han aplicado este modelo de aprendizaje para elaborar teorías sobre la formación y cambio de actitudes. Hay otras investigaciones que han tenido éxito en la identificación de algunos de los parámetros de este modelo que afectan la fuerza de las actitudes aprendidas. Por ejemplo, los investigadores descubrieron que entre más fuerte sea el sentimiento asociado con el estímulo no condicionado, más intensa será la actitud aprendida; también, se ha demostrado que canto más próxima sea la sucesión temporal entre el estímulo condicionado y el no condicionado, más fuerte será la actitud aprendida; otro punto que se ha observado es que entre mayor sea la frecuencia con que se presenta el estímulo condicionado acompañado del estímulo no condicionado, mayor será la intensidad de la actitud aprendida.

- Condicionamiento instrumental (u operante): Este modelo propone que las respuestas que son recompensadas se fortalecen y mantienen, mientras que las que son castigadas se debilitan y desaparecen. Según este modelo, el individuo influye u “opera” sobre el medio. Es probable que se repitan los actos que van seguidos de consecuencias favorables; por el contrario, los que generan consecuencias desfavorables generalmente no se repiten. A un hecho que contribuye a aumentar la probabilidad de que una conducta anterior ocurra de nuevo se le denomina “reforzador positivo” y a un suceso que tiende a disminuir la posibilidad de la repetición de la conducta se le llama “reforzador negativo”. Lo psicólogos sociales han aplicado con éxito el modelo del condicionamiento instrumental del aprendizaje en el desarrollo de teorías sobre la formación y cambio de actitudes. Además, han logrado identificar algunos parámetros específicos de la situación de aprendizaje que son de importancia en el aprendizaje instrumental de las actitudes. Por ejemplo, Carl Hovland y sus colaboradores (Hovland, Janis y Kelley, 1953) proponen que para que ocurra un cambio de actitud deben ocurrir tres procesos sociales entre las condiciones del estímulo y la respuesta. Para que un estímulo produzca un cambio de actitud, primero se debe notar o advertir el estímulo, después el individuo debe comprender el mensaje y, por último, el individuo debe aceptar el mensaje. La aceptación depende de los incentivos, es decir, el individuo debe percibir que la nueva actitud representa mejores ventajas personales que la anterior. Otros psicólogos sociales (Bandura, 1974; Berger, 1962) señalan que un cambio de conducta, como es el desarrollo de nuevas actitudes, puede producirse por medio de un reforzamiento indirecto pues, con frecuencia, se adoptan nuevas actitudes cuando se observa cómo son reforzadas otras personas que asumen estas actitudes.


Funciones de las actitudes

Al investigar acerca de la razón por las que las personas tienen actitudes y las mantienen, Stahlberg y Frey citan unas bases funcionales principales de las actitudes, las cuales son:

· Funciones defensivas del yo: Las actitudes pueden proteger a alguien de sentimientos negativos hacia sí mismo o el propio grupo, permitiendo proyecciones de estos sentimientos hacia otras personas tales como grupos minoritarios.
· Función valor-autorrealización expresiva: Las personas tienen necesidad de expresar actitudes que reflejen sus propios valores centrales o componentes de su autoconcepto.
· Función instrumental adaptativa o utilitaria: Las actitudes ayudan a las personas a alcanzar objetivos deseados como recompensas, o a evitar objetivos no deseados como los castigos.
· Función de conocimiento o economía: Funciones de organizar o estructurar un mundo caótico o diferente. Las actitudes nos permiten categorizar la información que no llega como nuevas experiencias, a lo largo de dimensiones evaluativas establecidas y nos ayuda a simplificar y comprender el complejo mundo en que vivimos.

Por otra parte, Morales, Rebolloso y Moya sintetizan estas funciones:

· Función de evaluación de objetos: Tener una actitud hacia un objeto, es más funcional para la persona que no tener ninguna , puesto que por ese solo hecho puede orientar su acción y sabe lo que es conveniente hacer y lo que es preferible evitar en todo lo relacionado con el objeto de la actitud.
· Función de ajuste social y expresión de valores: La orientación social predominante de una persona o personas las predispone a mantener o adoptar actitudes que cumplen una función determinada.

Lindgren (1972) dice que las actitudes pueden servir como causantes de motivación del modo en que las personas establecen una interacción con su medio y pueden, también, influir en el modo en que se percibe la realidad. Tales actitudes tienen una diversidad de componentes afectivos, cognoscitivos y propios de la conducta y pueden organizarse en sistemas de valores. Dado que las actitudes no se pueden observar directamente sino que se infieren de un tipo de conducta, por ejemplo, de la conducta social o de los ítems de un cuestionario o escala evaluadora. Dichos medios sirven para apreciar la dirección, intensidad, centralización, prominencia y congruencia de las actitudes.


Influencia de las actitudes en la conducta

La influencia de las actitudes en la conducta ha sido estudiada en numerosas investigaciones de las cuales se han elaborado ciertas teorías, entre las que se encuentran las teorías de la congruencia de las actitudes. Estas teorías proporcionan un marco general para el examen de la relación entre las actitudes y la conducta. En general, estas teorías evalúan el grado de congruencia que existe entre las diversas actitudes de una persona y entre esas actitudes y su conducta. Dichas teorías sostienen que la incongruencia de las actitudes entre sí o entre éstas y la conducta produce malestar y tensión, y que la gente intentará eliminar dicho malestar cambiando ya sea sus actitudes o su conducta. Dentro de este grupo de teorías se encuentra la teoría de Leon Festinger (1957) de la disonancia cognoscitiva en la cual explica que cuando una persona posee dos conocimientos (ampliamente definidos como actitudes, creencias, conciencia acerca de la conducta propia) opuestos o incongruentes entre sí, da un estado de disonancia que implica tensión y malestar psicológico, y el individuo se ve motivado a reducirla o eliminarla. Según esta teoría, el individuo se ve impulsado a reducir la disonancia modificando ya sea su actitud o su conducta, buscando restablecer su equilibrio. Un aspecto de la investigación relacionada con las teorías de la congruencia de las actitudes, de hecho, ha enfocado la congruencia entre las actitudes y la conducta de las personas.

Otra teoría es la de la congruencia actitud-conducta. Resulta que, por mucho tiempo, los psicólogos sociales como Rosenberg y Hovland (1960), creyeron que los efectos de las actitudes de la gente sobre su conducta eran directos pero cuando Allan Wicker (1969) revisó más de treinta estudios sobre la relación que existe entre las actitudes y la conducta, descubrió que los efectos de las actitudes sobre conductas específicas no eran muy fuertes. Posteriormente, se realizaron otras investigaciones en las que se ha demostrado que las actitudes sí afectan la conducta (Kahle y Berman, 1979), pero que esos efectos se harán evidentes sólo cuando las actitudes y la conducta se midan a niveles equivalente de generalidad o especificidad (Ajzen y Fishbein, 1973, 1977; Davidson y Jaccard, 1979). Martín Fishbein (1973) explica que dos personas que tienen actitudes igualmente favorables hacia alguna cosa, pueden manifestar conductas diferentes en cuanto a la misma. Por lo tanto, las actitudes no predicen con precisión la conducta específica que manifestará una persona. Una actitud general no puede predecir una conducta específica, pero sí una clase general de conductas relacionadas con esa actitud. posteriormente, Mark Zanna y sus colaboradores (Zanna, Olson y Fazio, 1980) demostraron que la relación actitud-conducta también está influida por las diferencias individuales de las personas estudiadas.

Entonces, antes se pensaba que existía una relación directa entre actitud y conducta, que las actitudes predicen las conductas y que si se deseaba cambiar las conductas era necesario cambiar las actitudes, pero estudios posteriores llevaron a la conclusión de que únicamente en contadas ocasiones se puede predecir la conducta de una persona a partir de sus actitudes, pero en el mayor de los casos se logra una predicción general y por eso hay investigadores que buscaban procedimientos de evaluación que mantuvieran un a estrecha correspondencia entre el nivel de especificidad de la actitud y el de la conducta, investigando cuándo la actitud predice la conducta, es decir, encontrar las condiciones que aumentan o disminuyen la fuerza de la relación. Todo esto ha generado una serie de críticas metodológicas relativas a la falta de relación actitud-conducta: Si actitudes y conducta se midieran al mismo nivel de especificidad o generalidad, en relación al mismo contexto, se encontraría más relación entre ambas. También hay críticas a la falta de relación: No se encuentra relación entre actitud y conducta porque hay otros factores o variables moderadoras que no se han tenido en cuenta a la hora de realizar la evaluación.

Un modelo del proceso actitud-comportamiento podría ser: Algún hecho activa una actitud. Esta actitud influye en nuestra percepción del objeto actitudinal. Entonces, se activa nuestro conocimiento de lo que es adecuado en una situación determinada (normas sociales). La actitud y la información almacenada acerca de lo que es apropiado o esperado, perfila nuestra definición del hecho y esta definición influye en el comportamiento.


Cambio de actitudes

Las actitudes formadas sobre la base de experiencias directas a menudo ejercen efectos más fuertes en el comportamiento que aquellas formadas indirectamente y su intensidad está en función de la fuerza de la reacción emocional, la importancia que el individuo le da, es decir, la medida en que se preocupa por la actitud; el conocimiento que tenga el individuo sobre el objeto de actitud, la accesibilidad o facilidad con la que viene a la mente en diversas situaciones. Ajzen y Fishbein sugirieron que el mejor predictor de cómo actuaríamos en una situación determinada es la intensidad de nuestras intenciones con respecto a la situación. De acuerdo con esto, los factores que determinan la importancia de la actitud son:

- El propio interés
- La identificación social: Cuanto mayor es la medida en la que una actitud está mantenida por grupos con los que se identifica un individuo, mayor es su importancia.
- La relevancia de los valores: Lo que hace a una actitud importante es su relación con las necesidades y valores sociales e individuales básicos.
- La especificidad de las actitudes: El vínculo entre actitud y comportamiento es más fuerte cuando las actitudes y comportamientos están medidos al mismo nivel de especificidad.
- La autovigilancia: A mayor autovigilancia más se guían los individuos por las actitudes.

Las actitudes son muy difíciles de cambiar por su consistencia, su interconexión, su mutiplicidad y por su extremosidad. De todas formas, en el transcurso de la historia, se han realizado muchos intentos de cambiar las actitudes, como por ejemplo Hovland y sus colaboradores quienes afirman que para que un mensaje persuasivo cambie la actitud y la conducta, tiene que cambiar previamente los pensamientos o creencias del receptor del mensaje, mediante creencias distintas acompañadas de incentivos. Sus estudios están basados en el conductismo y en el esquema “Emisor-Mensaje-Receptor”, con las preguntas quién, a quién, qué y cómo enumeramos todo el modelo, y entre los efectos psicológicos que los mensajes pueden producir en el receptor están la atención, la comprensión, la aceptación y la retención. A su vez, McGuire distingue doce etapas del proceso de persuasión que nos limitaremos a mencionarlas: Exposición-Atención-Interés-Comprensión-Generalización de cogniciones relacionadas-Adquisición de habilidades relevantes-Aceptación-Memorización-Recuperación-Toma de decisión-Actuación-Consolidación. Hay que tener en cuenta que entre las etapas hay una relación de interdependencia y el efecto de una comunicación sobre el cambio de actitud puede comprenderse mucho mejor si se analiza su impacto sobre cada una de las diversas etapas.

Otro modelo teórico es el de procesamiento de la información que puede explicarse a partir de tres puntos:

1. Modelo Heurístico: El individuo se deja convencer sobretodo por aspectos irrelevantes del mensaje que recibe dada su tendencia a ahorrar esfuerzo cognitivo. Se trata de una señal o característica superficial del mensaje, la fuente que lo emite o las reacciones de otras personas que reciben el mismo mensaje.

2. Teoría de la respuesta cognitiva: El individuo contraargumenta internamente cada mensaje que recibe y se deja persuadir sólo si la argumentación le convence. Si las respuestas cognitivas que genera van en dirección opuesta, no habrá persuasión, incluso puede darse un efecto boomerang: los receptores no son ya persuadidos por la fuente o mensaje, sino más bien por sus propias respuestas ante lo que la fuente y el mensaje dicen.

3. Modelo de probabilidad de elaboración: Este modelo especifica en qué condiciones el individuo se deja convencer por aspectos "irrelevantes", o ajenos al mensaje; y en qué condiciones se centra fundamentalmente en el mensaje y sólo se deja persuadir si este le convence por completo. Las estrategias que posee el perceptor son: la ruta central y la ruta periférica. En la central la probabilidad de elaboración es muy elevada y en la periférica muy baja. Elaboración es que el receptor se implique en pensamientos relevantes al tema. Además, el cambio producido por la ruta central es más duradero y más resistente a la persuasión.

En el apartado de la influencia de las actitudes sobre la conducta, se planteó la perspectiva de la disonancia cognitiva que forma parte de lo que podría llamarse como teoría de la Consistencia / Disonancia, en el que el cambio de actitudes es motivado por la inconsistencia entre actitud y conducta para poder alcanzar una coherencia entre estos dos aspectos. Hay otras alternativas para disminuir la disonancia, como por ejemplo, adquirir nueva información que apoye nuestra actitud o comportamiento o decidir que la incoherencia en definitiva no importa.

En el proceso de persuasión, la reducción de la disonancia puede ser utilizada con provecho por los propagandistas, lo que se denomina: “Trampa de racionalización”, en el que el propagandista despierta intencionadamente sentimientos de disonancia amenazando la autoestima y, a continuación, ofrece una solución. Así, los elementos clave en el proceso persuasivo serían: la fuente, el mensaje y el receptor. Hovland, Janis y Kelley identificaron las características de los comunicadores (fuentes), las comunicaciones (mensaje) y las audiencias.

- Fuente: Hay que tener en cuenta su credibilidad según la competencia y sinceridad. La competencia se refiere a si el perceptor considera que la fuente tiene experiencia y está informada o cualificada sobre lo que dice. La sinceridad depende de la ausencia de afán de lucro, de su falta de intención persuasora. También influyen en la credibilidad; el papel del experto (él sabe más de la materia) y la velocidad del habla (entre más rápido es más persuasivo). Por otro lado, el atractivo que la fuente tenga puede determinar que se le preste más atención, puede influir en el proceso de aceptación (el receptor a través del proceso de identificación puede desear pensar o actuar de la misma manera que lo hace la fuente) y puede incrementar la credibilidad. Una fuente con alta credibilidad pero bajo atractivo es más efectiva que otra con alto atractivo pero baja credibilidad.

- Mensaje: Se considera su forma porque cuando una audiencia mantiene actitudes contrarias a las de una persona persuasiva, es más efectivo para el comunicador presentar una argumentación de dos caras con argumentos en contra y a favor de lo que dice aunque siempre desarmando los que están en contra (presentación de los distintos argumentos). Asimismo, resulta ser más eficaz dejar que sean los propios receptores quienes extraigan sus conclusiones, siempre y cuando estén lo suficientemente motivados y que el mensaje sea lo suficientemente comprensible (presentación de las conclusiones). Además, la persuasión puede incrementarse a través de mensajes que evocan emociones fuertes a la audiencia, especialmente el temor, y también cuando esos mensajes parecen no estar diseñados para cambiar actitudes, porque los que parecen intentar alcanzar este objetivo resultan ineficaces.

- La audiencia o receptor: Las características del receptor a veces tienen efectos contrarios sobre la recepción y la aceptación. Se ha encontrado que la audiencia es más susceptible a la persuasión cuando está distraída por algún acontecimiento extraño que cuando está prestando plena atención a lo que se está diciendo. Por otra parte, la inteligencia de los receptores influye en la aceptación de los mensajes complejos pero no en la de los más simples. En el caso de las personas con baja autoestima, más dependientes de las opiniones de los demás, sucede que aceptan con más probabilidad los mensajes. Un aspecto importantes es que un receptor moderado en sus opiniones puede cambiar con más facilidad que uno extremista, y mientras más grave y central sea el problema para el receptor más tenderá la exposición de una opinión muy distante de la suya a hacerle cambiar de opinión.

Puede persuadirse procediendo por aproximación sucesiva, es decir, una vez obtenido el acuerdo con la primera petición, se obtienen más acuerdos con la petición importante final que en el caso de solicitar directamente esta última, sin el preámbulo. Esto sucede porque la implicación con nuestros actos aumenta la resistencia a cambiar dichos comportamientos y, por otro lado, produce una tendencia a emitir nuevos comportamientos que vayan en ese mismo sentido, de lo contrario caería en una contradicción molesta para el sujeto. Otra opción consiste en comenzar pidiendo un favor muy exagerado, algo casi imposible de conceder que con toda seguridad será rechazado, para a continuación pasar a presentar una petición mucho más moderada; Los sujetos comúnmente hacen concesiones a todo aquel que ve que se las hace.


Estereotipos y prejuicios

El estereotipo es un tipo concreto de esquemas, creencias que versan sobre los grupos y que a su vez se crean y comparten sobre los grupos de una determinada cultura, estos entrañan gran número de suposiciones perceptivas: en primer lugar asumen que las personas de cierta clase son semejantes. Sin embargo, muchas veces el estereotipo es una distorsión que pasa por alto otros aspectos y generalmente no toma en cuenta las diferencias. En cuanto su abordaje entre los estudiosos hay tres puntos de acuerdo:

1. El estereotipo es una forma errónea de pensamiento o una forma normal: Para nada es un pensamiento erróneo inferior, sino una forma de conocimiento.
2. Los estereotipos son una característica individual o es compartida en grupo: La respuesta no es clara. El estereotipo es una herramienta individual que se crea en sociedad. El contenido se adquiere socializándose pero de forma individual y su aplicación es también individual.
3. Contenido de los estereotipos: Los estereotipos tienen contenidos característicos que definen como grupo y que los distinguen de él.

Distintos modelos teóricos han trabajado esta temática. En la teoría psicoanalítica se considera que los estereotipos son una manifestación más de una conducta heredada por las personas, una manifestación de las pulsiones o necesidades del individuo. En la teoría sociocultural, los estereotipos tienen su justificación en el medio social que surge por su adaptación a las normas; Esta escuela busca formas de canalizar las normas sin que provoquen prejuicios. En la teoría socio-cognitiva, que es la más psicológica, los estereotipos tienen siempre su génesis en los procesos de socialización del individuo y se trata de una herramienta cognitiva.

Los prejuicios son actitudes negativas u hostiles hacia ciertos grupos o colectivos humanos, más concretamente, se trata de “evaluaciones desfavorables de afecto negativo hacia los miembros de un grupo”. Por otra parte, tener prejuicios es “una actitud negativa hacia un exogrupo”. Como en la actitud, en el prejuicio hay elementos cognitivos, afectos y comportamentales. Los orígenes del prejuicio son de tipo social (procedente de desigualdades sociales, necesidad de una autodefinición positiva, etc.), emocional (procedente de la hipótesis frustración-agresión y la personalidad autoritaria) y cognitivas. Se realizan investigaciones sobre la persona autoritaria pues ésta se identifica en gran medida con la persona prejuiciosa. Para Fromm y otros investigadores, la estructura social influye en la familia, lo que a su vez influye en el individuo. Entonces, la personalidad de cada sujeto se desarrolla según la educación que tenga, especialmente en la familia, la cual educa a raíz de la estructura social.

El aspecto cognitivo de los prejuicios es el estereotipo, que comprende procesos de categorización, saliencia de los estímulos diferenciados y creencia en un mundo justo. El primer proceso se refiere a que la mera categorización es condición suficiente para producir favoritismo etnogrupal y la hostilidad exogrupal. Es imposible comportarse según sea cada persona individual. Con relación al segundo proceso, en cualquier grupo se percibe muy rápidamente las características que diferencian y es más probable que se juzgue causante de cualquier cosa que suceda a quién es distinto. La creencia en un mundo justo se ajusta con la frase: “Cada uno tiene lo que se merece”; Lerner descubrió que la simple observación de una víctima hacía que la devaluaran e incluso consideraban que se merecía lo que le sucedía (descargas eléctricas).


Formación de estereotipos y prejuicios

Los estereotipos, al igual que los prejuicios, son elaboraciones mentales aprendidas que el sujeto las va adquiriendo a lo largo de su socialización. El ambiente familiar, los grupos de iguales, ambientes escolares, etc. los fomentan. La metodología que es muy autoritaria y competitiva los propicia. Aparte, para poder evaluar el componente estereotípico de las personas habría que conocer antes todas y cada una de las dinámicas sociales de esa persona en concreto.


Funcionalidad de estereotipos y prejuicios

La funcionalidad de estos elementos, prejuicio y estereotipo, es tanto cognitiva como social. Cognitiva porque permite un ahorro de tiempo y esfuerzo al individuo apropiarse de la realidad social, da pautas para predecir conductas y no es diferente a las funciones de los esquemas; de diferenciación social (Osgood) puesto que constituyen representaciones que ayudan a formar imágenes de las personas y de uno mismo, de su rol social y su situación; y de justificación social pues, por medio de los estereotipos y prejuicios, las personas encuentran justificaciones para su actuación social y esta situación suele manifestarse mucho en los conflictos: el error fundamental de atribución grupal (tendencia a que nuestros contenidos estereotípicos tengan más atributos positivos para nuestro grupo que para los demás).

Los estereotipos, en su aspecto positivo, tienen una función social importante: facilitan la identidad social, la conciencia de pertenecer a un grupo, ya que al aceptar e identificarse con lo que es dominante en dicho grupo, por ejemplo la características y rasgos positivos de nuestra familia, lugar de trabajo, profesión, es una manera de permanecer integrados a él.


Influencia de los estereotipos y prejuicios en la conducta

Si los sujetos se dejan “engañar” por los estereotipos y los prejuicios, éstos pueden interferir seriamente en las relaciones con los demás, pues los juzgamos prematuramente acerca de sus sentimientos, ideas, la clase de conducta que un individuo desarrolla, y los juzgamos sólo por un detalle de su personalidad y actuamos conforme a la reacción que aprendimos que debíamos tener frente a estas personas.
Paradójicamente, un problema muy serio respecto de los estereotipos —si no sabemos distinguirlos y se hacen rígidos— es que pueden ser la causa de distorsiones y complicaciones en la comunicación.

Los estereotipos pueden afectar las relaciones interpersonales, pues el sujeto identifica cierto rasgo, lo clasifica y actúa de tal forma que el otro, ante nuestra reacción, actúa en respuesta, con la consiguiente confirmación de nuestro estereotipo. Es decir: cuando no le damos la oportunidad al otro de conocerlo o conocernos, podemos acarrear “la profecía autocumplidora”, puesto que nos comportamos de tal modo que despertamos en el otro la clase de conducta que nosotros suponemos que van a tener. En este caso hay un reforzamiento del aprendizaje social, porque la suposición errónea se comprueba conforme a la expectativa.

De esta manera, los estereotipos son útiles cuando reducen el ruido o la interferencia al inicio de la interacción y permiten recibir información que el transmisor intenta comunicar, pero interfieren el canal de la comunicación cuando son rígidos o inapropiados, y hacen esperar algo distinto al mensaje que realmente se está dando; es decir, que ofuscan.

En cuanto a los prejuicios, sería imposible interactuar sin un mínimo de suposiciones acerca del otro, imaginar que partiéramos de cero, sin información, con cada uno de los que nos topamos, sería imposible o una locura. Parte del aprendizaje social consiste en el manejo de nuestro comportamiento frente a los otros y cómo nos ubicamos en cada situación. Sin embargo, esta facultad de la mente presenta ciertas dificultades en la relación, como la formación de los prejuicios: éstos en principio son estereotipos que se han vuelto rígidos, basados en suposiciones erróneas y fundamentados socialmente con base en intereses ajenos a la situación y las personas. En ocasiones los prejuicios se crearon como respuestas a una amenaza percibida, real o no.


Relación entre actitud, estereotipo, prejuicios y discriminación

La relación entre estereotipo y prejuicio es muy estrecha: están unidos por el concepto de actitud frente al otro, el cual está compuesto por:

· El componente cognitivo (lo que el sujeto sabe del asunto).
· El componente afectivo (las emociones que le suscita).
· El componente conductual (las acciones que como consecuencia desarrolla).

El prejuicio es el conjunto de creencias y juicios previos de “carácter negativo” con relación a un grupo social. Se dice que hay prejuicios positivos, por ejemplo: “las mujeres son débiles y dulces, por eso hay que protegerlas”. Sin embargo, este tipo de prejuicios realmente encierran una discriminación, y por lo tanto tienen un rasgo negativo. Así el prejuicio siempre acarrea una discriminación: es la falta de igualdad en el tratamiento otorgado a las personas, en virtud de su pertenencia a un grupo o categoría social, sobre la que existe ese prejuicio.

Hay estereotipos y prejuicios individuales que ayudan a un sujeto a preservar sus valores y hay estereotipos y prejuicios construidos socialmente, que son compartidos y muchas veces fomentados por los medios de comunicación. El estereotipo es una representación repetida frecuentemente que convierte algo complejo en algo simple, es un proceso reduccionista que suele causar a menudo distorsión porque depende de la selección categorización y generalización, haciendo énfasis en algunos atributos en detrimento de otros.


Cambio de estereotipos y prejuicios

El cambio de estereotipos y prejuicios es una cuestión que suscita controversia debido a la dificultad de modificarlos, pero se puede y se debe intentar la modificación cuando son demasiado esquemáticos o cuando van acompañados de prejuicios. Las formas de intervención son individual y grupal. La mejor forma de modificarlos es creando dinámicas intergrupales y para ello se han de cumplir una serie de situaciones. Es necesario establecer contactos intergrupales de personas de estatus semejante, contactos intergrupales en los que se exija la integración entre miembros, no competición, establecer normas favorecedoras de los contactos que favorezcan los conocimientos individuales y se desarrollen en situaciones de reto personal que no sean fáciles. Si las condiciones para que se realice la terapia intergrupal no son las adecuadas se utilizan las terapias individuales las cuales son siempre intervenciones cognitivas y se trata de buscar causas de comportamiento. El mejor y más eficaz cambio ocurre si somos capaces de acumular información desconfirmatoria de las creencias con ejemplos recogidos del contexto significativo del sujeto. Según el modelo de conversión, cuando los individuos se enfrentan a información que contradice un estereotipo vigente hace falta que la información desconfirmatoria se concentre en unos pocos ejemplares que contradigan llamativamente el estereotipo.

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